Abolir sin arbitrariedades, los encuadres obsesivosA esta altura de la experiencia psicoanalítica, es imprescindible destituir los encuadres reglamentados obsesivamente (IPA, sesiones breves, lo que fuera). Para eso debemos buscar las condiciones necesarias para que esa destitución no lleve a arbitrariedades.¿Por qué? Porque la experiencia ha mostrado que la obsesivización de los encuadres es uno de los mayores obstáculos a la capacidad generatriz y la eficacia de los psicoanálisis. También, para expandirlo a otros campos de intervención (psicoanálisis en extensión).
La lógica de las condiciones de encuadre
Parto de que sólo habrá condiciones de posibilidad para trabajar desde el psicoanálisis con alguien o algunos, si previamente hubo condiciones necesarias. Ellas, soportarán a las de posibilidad. Pero su articulación, no será suficiente. Para generar condiciones suficientes y sostenerlas, el trabajo del analista resultará la clave. Por supuesto, siempre con el tope de los límites estructurales. No sólo de anudamiento simbólico imaginario, sino también del punto en que se halle, al que haya arribado, la lógica temporal de cada caso.Estas “exquisiteces” son las que tenemos que explorar, a partir del primer llamado telefónico o aviso de derivación. La exploración resulta ordenada no desde protocolos previos, sino desde la presentación y el relato de los que intervienen, no siempre el afectado en persona, ante la atención libre del analista en cuestión. Ese ordenamiento debe dictarnos como disponernos nosotros, desde nuestro aspecto, ropas, gestos, voz, uso de una forma u otra de las reglas de la cortesía, posiciones corporales, gestos, funcionamiento de las luces, actitud hacia los objetos del consultorio y las posturas del entrevistado.La diversidad de consultas y consultantes conque nos podemos encontrar, autismos originales, regresiones a posiciones autistas (negativismos, catatonías, oposicionismos de diversa índole) hasta respuestas originadas desde neurosis más o menos comunes lo exigen. Cada caso responde al conflicto actual, desde los insumos borromeicos conque viene dotado o de los que es escaso y puede hacerlo desde diferentes grados y formas de simbiosis. Si parto de estas descripciones, es porque ante varias de ellas, el encuadre clásico de cualquiera de las corrientes psicoanalíticas, fracasa. La posición del analista debe poner su consultorio y su persona a disposición del paciente, como espacio potencial y como objeto transicional para las ilusiones de transferencias recíprocas.
¿Encuadre? o encuadres de los tratamientos en función de lo qué la afección demanda
Para tratar de responder a esta pregunta, partiré de Lacan y Winnicott, volveré al objeto “a” y algunos de sus “semblant”, objetos transicionales para situar la función y posición del analista en los tratamientos. Intento redefinir al objeto a, partiendo de lo ya recorrido por ellos y por Freud . Es un nuevo puerto al que he arribado y en el que aún no he terminado de anclar. Informo, para poner a circular un intercambio de ideas con los lectores y otros colegas, que verificando su acierto o su error, me ayuden a no trabajarlo en soledad. En www.psyche-navegante.com número 66 he planteado: -Nos decía Donald Winnicott: "Pareciera que se hubiera olvidado ese territorio del desarrollo y la experiencia individuales, a la vez que se concentraba la atención en la realidad psíquica, que es personal e interior, y en su relación con la realidad exterior o compartida"[2] Winnicott retomó así, el que ya fue planteo de Freud desde el Proyecto de psicología para neurólogos cuando en su capítulo II afirmaba: "El organismo humano es, en un principio, incapaz de llevar a cabo esta acción específica, (la que solucione la recepción de estímulos endógenos que mantienen la tensión -el hambre por ejemplo-) realizándola por medio de la asistencia ajena, al llamar la atención de una persona experimentada sobre el estado en que se encuentra el niño, mediante la conducción de la descarga por la vía de la alteración interna (por ejemplo por medio del llanto del niño) Esta vía secundaria adquiere así la importantísima función secundaria de la comprensión y la indefensión original del ser humano conviértese así en la fuente primordial de todas la motivaciones morales.Una vez que el individuo asistente ha realizado para el inerme el trabajo de la acción específica en el mundo exterior, el segundo se encuentra en situación de cumplir sin dilación, por medio de dispositivos reflejos, la función que en el interior de su cuerpo es necesaria para eliminar el estímulo endógeno. La totalidad de este proceso entonces representa una vivencia de satisfacción, que tiene las más decisivas consecuencias para el desarrollo funcional del individuo. En efecto, tres cosas se producen/.../ 1) Se efectúa una descarga permanente, poniendo fin con ello a la urgencia que generó displacer /.../ 2) Se produce la investidura de una o de varias neuronas del pallium que corresponde a la percepción de un objeto (subrayados y negritas son mías SR). 3) A otros puntos del pallium llegan las noticias de la descarga lograda mediante el desencadenamiento del movimiento reflejo que siguió a la acción específica.” Obsérvese que el registro del objeto depende de la eficacia conque éste, haya podido llevar adelante la acción específica. Lo que se percibe en el cuerpo es su acción sobre el malestar interno. En el largo camino de la indefensión originaria a la capacidad relativa para poder defenderse, lo que se va perdiendo no es tanto el asistente como la asistencia, que se irá adquiriendo como una capacidad propia y relativa. Relativa en la adultez a la necesidad del lazo social. Lacan dilucidó el movimiento de alienación separación[3] en Los cuatro conceptos.... Mostró la alienación del sujeto en el campo del Otro, a través de la reunión de los círculos de Euler, que demarcan también la intersección. Es en dicha intersección, que el significante se reduce a su sin-sentido lo que abre paso a la libertad de elección, a una separación que no es aislamiento. Me animo a ubicar también ahí, al "a". Lacan mostró[4] como los objetos, de reales pasarán a ser simbólicos en dependencia de como aparezcan, lo que torna a la madre real. Winnicott decía que: "La madre coloca el pecho en el lugar que el bebé esta pronto para crear y en el momento oportuno. /.../ La zona inmediata a la que me refiero es la que se ofrece al bebé entre la creatividad primaria y la percepción objetiva basada en la prueba de realidad. "[5]. Para el Génesis, Dios Padre creó el mundo. Para San Juan, en principio era el Verbo. Para lo que deduzco de la experiencia psicoanalítica y de cómo entiendo planteos antes citados o aludidos de Freud, Winnicott y Lacan, el objeto "a" es: efecto de la articulación entre la persona que ejerció nuestro cuidado, con qué y cuando lo ejerció y cómo éstos fueron ejercidos. Por eso se puede presentar imaginariamente vestido de madre, padre, abuelos, esposa/o, psicoanalista, Dios o mercancía. Simbólicamente será bueno o malo, nos amará, deseará o no, según como ejerza la acción específica. Y ello devendrá, de su poder saber hacer y de su disposición o no, a hacerlo. En consecuencia, lo radical del "a" (tanto como posición propia como la del (O)otro) y de su pérdida, es: poder. Significante sin sentido, sólo precipitación esencial de lo que podría ser verbo, adverbio, sustantivo o adjetivo. Poder a secas, sin sujeto, sin predicado. Abierto a toda su plurisemia que dependerá de su combinación con otros significantes puestos en acto. De su raíz verbal, deviene lo no especularizable del objeto a[6]. Dice Lacan: "Mi S1 sólo tiene el sentido de puntuar ese cualquier cosa, ese significante -letra que yo escribo S 1, significante que sólo, se escribe si se lo hace sin ningún efecto de sentido. Resumiendo, es lo homólogo de lo que acabo de decirles del objeto a. Finalmente, cuando pienso que me he divertido un rato haciendo un juego entre este S1 que yo había llevado hasta la dignidad del significante 1, que he jugado con este Uno y con el "a" anudándolos por medio del número de oro, ¡esto vale mil![7]" Luego lo imaginario lo irá encarnando también, en la propia persona, en los otros, en la cúpula del aparato del estado, de las fuerzas armadas, de las corporaciones o de cualquier organización artificial de masas, en los fenómenos naturales, etc. Y siempre se presentará en exceso, perdido o cuando menos insuficiente, como efecto de la castración fundamental, la del lenguaje. El deseo, causado por el objeto (poder) perdido y nunca tenido, se sostiene en el fantasma, escena que de alguna manera promete recuperarlo. Siempre es deseo de: poder.Lo que nos lleva a la cuestión del valor. Lacan apoyándose en Hegel, partió del deseo de reconocimiento y del deseo como deseo del otro (escrito así, con minúscula[8]). Esto no es desechable simplemente por pertenecer al orden Imaginario, sino que se anuda al nudo Borromeo. La pregunta ¿Qué me quiere? Introduce lo simbólico y lo real. Ahí, discuto con Marx y hasta cierto punto con Lacan.
Lacan formalizaba así, el Discurso del amo antiguo:
Y planteaba, que mientras el S2 representaba el goce del trabajador, el a representaba lo que en ese goce perdía y que Lacan hacía equivaler a la plusvalía discriminada por Marx, de ahí que lo designara como plus de goce[9]. Esto es cierto. Pero lo que queda por fuera de ese cálculo es el valor de la función del amo y en términos más generales, del o los agentes. La historia del siglo XX lamentablemente ha mostrado, que no hay lazo social que funcione sin un agente que aparente agenciarlo. El valor de lo que quede en ese lugar no es calculable. Es sufrible, disfrutable, gozable, pero no calculable. ¿Por qué? Porque si el trabajo del trabajador es relativamente medible, calculando la diferencia que se engendra entre la ganancia que origina la mercancía y lo que se le paga por esta al trabajador, lo que no resulta mensurable es el peso del agente del discurso en la producción final. De ahí lo incalculable del valor y del valor de cambio y que quedemos regidos por los valores de uso, piloteados a su vez por las relaciones entre goce, deseo y rentabilidad. Tener en cuenta estas cuestiones sobre el valor, es imprescindible para poder sostenerse en los conflictos que originan en los analistas, la función de la abstinencia y como consecuencia, su neutralidad. Neutralidad con respecto a nuestros ideales, deseos, hábitos de goce y expectativas de rentabilidad. Por eso debemos aceptar en análisis a alguien, sólo si estamos de acuerdo con lo que nos va a pagar. Aquella sólo puede sostenerse, desde el deseo del analista. Desde esta concepción sólo podemos aproximarnos a la evaluación, a suponer el valor de la marcha de un análisis y de los resultados de su final, cruzando las variables que el analizante y el analista pusieron en juego. Sus estructuras preexistentes en su relación con “las series complementarias”[10] de cada uno. Evaluaremos los resultados, en función de la articulación de deseo y goce en el analizante, de su participación en los lazos sociales según la resolución de dicha articulación y de la posición del mismo ante sus formaciones del Inconsciente.
Los psicoanálisis como fenómenos transicionales.
El psicoanálisis es una prolongación de los juegos infantiles, básicamente en el sentido de play en inglés: “Jugar. Representar. Desempeñar un papel. Ejecutar, tocar. Jugar, divertirse. Chancearse, bromear. Moverse, funcionar. Drama. Representación. Juego libre. Funcionamiento”[11] y lo menos posible en el de game que acentúa mucho más lo reglado, lo pautado. En los juegos de niños, estos hacen sus primeras herramientas para estructurarse ante la vida. De ahí y de la relación entre ellos y con los adultos, de sus reacciones, saldrán el futuro adulto y sus posicionamientos en la vida, en los trabajos. Ahí, tenemos que volver para que el análisis se desenvuelva. Es la cura a través de trabajar las regresiones y de curar la neurosis de transferencia. La transferencia es la creencia del padeciente en que un Sujeto supuesto Saber, tiene el saber hacer necesario para la solución de los males porque demanda. Es lo que los niños suelen creer de los adultos. Nuestra función reside en utilizar en transferencia el espacio potencial en que se irá transformando nuestro consultorio y la aceptación de ser tomados como objetos transicionales, para procurar que los pacientes transiten ese espacio en condiciones de posibilidad, que optimicen el uso de sus herramientas simbólico – imaginarias, para trabajar lo real que la vida les proponga.
FUENTE: ELSigma
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sábado, 23 de junio de 2007
LA CLÍNICA DE FRANCOISE DOLTO Autor: NASIO DAVID
He tenido el privilegio de asistir y participar en la Consulta que la señora de Doltoconducía en una salita de la calle Cujas, París, donde recibía a niños muy pequeños condificultades psíquicas.* En 1985, después de treinta años de dirigir su Consulta general en el HospitalTrousseau, Francoise Dolto decidió reanudar este trabajo clínico, pero exclusivamenteconsagrado esta vez a niños de una guardería. La guardería es un establecimientopúblico de estancia temporaria en el que viven niños afectados por serias dificultadesfamiliares o sociales. Estos niños son todavía pequeños, de edad variable que oscila entreunos pocos meses y los 4 años; fueron separados de sus familias de origen y cargan conun pasado doloroso y hasta trágico. Acuden a la Consulta de la calle Cujas por trastornospsíquicos frecuentemente graves, acompañados por una auxiliar en puericultura que,cuando el niño lo pide, está presente en la sesión. Los pequeños pacientes son recibidospor F. Dolto dos veces por mes. Las curas, en general bastante cortas, se prolongan aveces durante uno o dos años, según lo que dure la permanencia del niño en la guardería.Cuando el niño, que se halla a la espera de una familia adoptiva, es asignado finalmente aésta, la prosecución del tratamiento depende de que los nuevos padres decidan continuaro no la terapia.Pero la idea inédita de Francoise Dolto, y que otorga a su Consulta un carácter tansingular, es haber introducido en el propio seno de las curas la participación activa - a lamanera de los coterapeutas - de un grupo de «psicoanalistas», y no, como podrían pensaralgunos, de «psicoanalistas de niños». Para la señora Dolto, en efecto, el psicoanalista deniños no existe. Lo que existe, en cambio, es el psicoanalista que practica el análisis conniños. El psicoanálisis, tal como Freud lo definió, es la experiencia del inconsciente de unsujeto independientemente de su edad.La Consulta de la calle Cujas se llamaba Seminario o, para ser precisos, Seminariopráctico de psicoanálisis de los trastornos precoces. En este largo título están contenidaslas tres funciones, las tres miradas de dicha labor. La palabra «Seminario» indica laintención formadora respecto de los analistas presentes. En la expresión «psicoanálisis delos trastornos relacionales» se afirma el propósito terapéutico dirigido a niños quepadecen trastornos causados por un vínculo humano enfermo. Recordemos que, en lateoría de F. Dolto, semejante vínculo patológico e inconsciente entre el niño y el otroaparece conceptualizado con el carácter de imagen inconsciente del cuerpo; en efecto,una de las modalidades de esta imagen es la relación del niño con su entorno. Y, porúltimo, el adjetivo «precoz» resume el tercer designio, preventivo y social, concretado poruna acción terapéutica ejercida muy tempranamente en la vida del sujeto.Pero, antes de abordar exactamente el trabajo clínico de Francoise Dolto, su manera deescuchar al niño, quisiera hacerles descubrir la salita de la Calle Cujas.Encontrábamos allí una mesa con tres sillas alrededor: la de la señora Dolto, la del niño y,al lado, la reservada al auxiliar de puericultura cuando estaba presente en las sesiones.Pocos metros a la derecha de la mesa, en semicírculo, se instalaban los psicoanalistas -oyentes, dispuestos de tal manera que ninguna de sus sillas estuviese situada detrás delniño.Este núcleo de analistas no constituía, como podría imaginarse, un grupo deobservadores recibiendo pasivamente la enseñanza de una práctica. Eramos, por elcontrario, participantes casi siempre activos en nuestra implicación viva y transferencialrespecto de la cura y en íntimo acuerdo con la dinámica propia de la sesión. Activostambién cuando el niño se dirigía a uno de nosotros directamente o al grupo en suconjunto. En el momento de entrar y salir, el pequeño paciente saludaba a todo el mundoy nosotros le respondíamos. También podía suceder que, a pedido de Francoise Dolto,cantáramos a coro una cancioncita como «Au clair de la lune». A veces sólo debíancantar los hombres, y otras, todas las voces se mezclaban al unísono. También podíaocurrir que el niño se acercara a uno de nosotros a través de un objeto o a hablarnos.Nuestro grupo de adultos representaba para el niño un nuevo espacio social que formabaparte de la sesión. Digo «un nuevo espacio social», porque no representábamos ni laguardería ni la familia de nacimiento ni la familia adoptiva, sino una figura completamentedistinta del cuerpo social, verdaderamente original en la vida del niño.El encuadre de la Consulta incluía también la sala de espera, con sus dos sillas de niños ysu baúl de juguetes conteniendo muñecos y peluches. Más allá de la sala de esperaestaba la oficina del señor Pascal, encargado de recibir a los niños y a las maternantes; élnos iba avisando de la llegada de los pequeños pacientes, que se sucedían cada mediahora. Entre las sesiones mediaba una pausa durante la cual cambiábamos con FrancoiseDolto nuestras impresiones sobre el diálogo analítico que acababa de tener lugar.Yo tenía la costumbre de sentarme en la primera silla situada exactamente a la altura dela mesa. Esto me ofrecía un punto de vista tal que la mesa pasaba a ser a mis ojos elterreno sobre el cual se desarrollaba la extraña partida de una sesión analítica, el lugardonde se decidía la relación del psicoanalista con el niño. Había puestos sobre esta mesadiferentes objetos que me interesa detallar. Una caja conteniendo pasta para modelar,hojas de papel, un estuche de marcadores gruesos, una vieja caja de bizcochos llena depequeños juguetes diversos (un soldado, un pato, un barco, etc.), y en particular: unaregla de madera, unas pequeñas tijeras, un verdadero manojo de llaves, una cadenita,dos cuchillitos, uno de manteca para el modelado y el otro más cortante, un espejito, unsilbato y lápices de colores de mina siempre rota que Francoise Dolto solía afilar con uncortaplumas que sacaba de su cartera. Con este gesto de afilar el lápiz, indicaba al niñoque cada cual debía ocuparse de la tarea que le correspondía. Lo incitaba así aconsagrarse a su propio dibujo o modelado. Me acuerdo, por ejemplo, de una pequeñapaciente, Leticia, que sufría de una así llamada «seudodebilidad mental», es decir queesta niña, a los cinco años, seguía haciendo de bebé. Requería constantemente laatención de la señora Dolto* y le reclamaba que comentara sus dibujos. Francoise Doltotomaba entonces los lápices de mina rota y empezaba a afilarlos. Cuando Leticia se poníademasiado insistente, replicaba: ¡Oye, haz tu dibujo! ¡Cada cual hace lo que tiene quehacer: yo, afilo el lápiz; tú, dibujas tu sueño!.Dije que he tenido el privilegio de asistir a esa Consulta porque, en efecto, fue un raroprivilegio haber podido aprehender en forma tan inmediata el modo en que trabaja unpsicoanalista. De entrada éramos convocados - los analistas - participantes - a lo másvivo de la escucha sobre el niño y sobre nosotros mismos. Varias veces, observandotrabajar a Francoise Dolto, me sobrecogió verla actuar en contacto directo con elinconsciente o, para decirlo mejor, en contacto directo con esa instancia psíquica que ellateorizaba bajo el nombre de imagen inconsciente del cuerpo.La gran implicación de nuestro grupo en las curas se debía a que éramos no solamentetestigos del acto analítico, sino, más aún, una condición para el cumplimiento de ese actoe incluso para la rapidez con que podía producirse el retorno de lo reprimido y movilizarselos síntomas del niño. La presencia de los analistas dinamizaba los elementos coaguladosde la estructura psíquica del paciente, favoreciendo la conclusión rápida de las curas.Digo «acto analítico», porque la Consulta no era una presentación de enfermos sino elsitio en el que se practicaban curas rigurosamente analíticas, y más breves aún que lasconducidas en consultorio privado. Esto, insisto, gracias a la influencia de esa presenciatercera de los analistas - participantes, presencia que fracturaba la dualidad erotizante eimaginaria del vínculo niño - psicoanalista. He pensado a menudo que esa presenciatercera de los analistas tenía un peso decisivo en el estilo de intervención de F. Dolto.Diré incluso que toda su técnica y su modo de abordaje, tan particulares, fueronmodelados por treinta años de práctica a cielo abierto, treinta años de práctica enpresencia de otro analítico investido por ella con la autoridad de un garante de su trabajo.Esta instancia tercera - incluida simbólicamente en todo análisis - se encarnaba en elencuadre de la Consulta en un lugar vivo que permitía a Francoise Dolto, cuando nocomprendía lo que pasaba durante una sesión, preguntarse abiertamente y preguntarnosdelante del niño.Ha llegado el momento de abordar con ustedes el punto modal de la acción analítica deFrancoise Dolto, su manera singular de escuchar al niño y de comunicarse con él. Lo haréa partir de mi propia percepción, indisociable de la teoría y la práctica que me animan, yen la seguridad de que hablar del acto no es decirlo en su integridad. En efecto. nadiepodrá traducir nunca la exacta naturaleza del acto del psicoanalista.Si en la escena analítica de la Consulta, en el momento de entrar el niño en la sala.circunscribimos el espacio psíquico de la psicoanalista Francoise Dolto, podemosdistinguir dos factores - interviniendo en la disposición de la terapeuta de escucharverdaderamente a su paciente. Por una parte, un trasfondo o sustrato que prepara suescucha y la presupone. Este sustrato está determinado por su larga experiencia comopracticante del psicoanálisis, por su historia personal y por el universo conceptual que lesirve de referencia. El otro factor está dado por la escucha propiamente dicha, el particularmodo en que realizaba Dolto el acto de escuchar, quiero decir, de hacer silencio y deenunciar una interpretación.Consideremos primero el sustrato desde el cual el analista se compromete en la escucha.Un deseo firme y poderoso la anima fundamentalmente; el de hablar a los sereshumanos. «Lo que yo busco - decía Dolto - es hablar con ese ser humano, quienquieraque sea. Este ser quiere decir algo, y yo quiero hablarle». Ahora bien, cuando F. Doltohablaba, su voz adquiría una entonación inimitable, la voz de Dolto. Una voz que aúnresuena con su timbre cautivante y que tenía el singular poder de estimular el pensamiento. No sólo el nuestro, sino sobre todo el pensamiento de Francoise Dolto. Unavoz que, al retornar a sus oídos, tenía la potencia de engendrar pensamientos nuevos y,muy a menudo, de mover su espíritu a la reflexión en forma de una diálogo enunciado envoz alta. Cuando se dirigía al niño o cuando nos relataba casos clínicos, hablabaponiendo espontáneamente en escena los diferentes personajes de la historia. En unmovimiento recíproco, la voz recreaba el pensamiento y por su parte el pensamiento sehacía sonoro, se hacía voz.Otras dos ideas motrices preparaban la escucha de Francoise Dolto. En primer lugar, lasólida convicción de que un psicoanálisis de niño no es una psicoterapia de niño. Sinoponerlos nunca como prácticas rivales sino, en rigor, como prácticas complementarias -puesto que un psicoanálisis puede muy bien suceder a una psicoterapia - F. Dolto solíadefinir de manera tajante lo que era el análisis de niños. Veamos una de sus distintasafirmaciones»( ... ) Si el análisis de niños tiene un sentido, es únicamente por remitir alanálisis de lo reprimido, es decir, a las épocas que precedieron a la vida actual del niño yde ninguna manera a los acontecimientos de su vida presente. Si nuestrasinterpretaciones aluden a las relaciones actuales del niño, en ese caso no hacernosanálisis, hacemos psicoterapia de apoyo. Si es psicoanálisis, es porque nada de lo actualentre el niño y las personas de su vida presente nos concierne. Esta es la castración delanalista» (41). Lettres de LEcole Freudienne de Paris, n° 20, marzo de 1977, pág. 270.La otra convicción presente siempre en su escucha de analista movía a Dolto a considerarlos síntomas como la expresión enferma de una emoción inconsciente que el niño habíaexperimentado en otro tiempo. Una emoción que en su primer surgimiento no habíapodido ser nombrada. Así pues, el psicoanalista es llamado a desempeñar el papel de unyo auxiliar que, sobre la escena del análisis, proporciona en el momento oportuno elnombre hasta entonces faltante de una emoción extraviada.En el trasfondo del espacio psíquico de la analista Francoise Dolto se conjugan, pues, elpoderoso deseo de hablar a los humanos, el principio de que psicoterapia no espsicoanálisis y, por último, la certidumbre de que un síntoma revela la errancia de unaemoción sin nombre.Vayamos ahora al otro componente del trabajo de escucha, el del surgimiento de unapalabra interpretativa en el psicoanalista. Quisiera proponerles un artificio expositivodestinado a transmitir el modo en que percibí - »visualmente», diré - y en que poco más omenos formalicé la gestación de ese acto analítico que es la interpretación.Imaginemos que Francoise Dolto, sentada ante su pequeño paciente, procura tender unpuente para llegar al inconsciente del niño. Definido este propósito, su escucha va adesplegarse en cuatro tiempos. En el primero de ellos, Dolto toma como indicadores lossignos observados en el comportamiento gestual del paciente, la más mínima expresióndel rostro, su actitud lúdica, sus dibujos, las palabras o sonidos que emite o incluso losdatos de la historia familiar del sujeto recogidos en las primeras entrevistas.En un segundo tiempo, y con estos indicios como referencia, a menudo no alcanza acomprender, queda perpleja y entra en una fase de tanteo que prepara el surgimientoprobable de la interpretación. En determinado momento, mentalmente de pronto y hacer lo que yo denomino «silencio en uno mismo», es decir,sustraerse a los ecos del propio yo. En este estado de extrema apertura, infinitamentelúcida, percibe a otro niño muy diferente del que tiene sentado frente a ella. Este otro niñoes un niño inconsciente, con aspecto de lactante desdichado, prematuro, de gritoahogado, intentando vanamente expresarse, y que sufre y espera. Si extendemos elcampo de la escena aparecen entonces otros personajes que gravitan, a la manera deuna ronda fantasmática, alrededor del niño inconsciente. Este, pues, nunca está solo, sinosiempre integrado en una escena y comprometido en una relación intersubjetiva. Estadeterminada percepción efectuada por la analista no es otra cosa que la percepción de laimagen inconsciente del cuerpo del pequeño paciente. Digámoslo con claridad: la analistano percibe una imagen inconsciente del cuerpo ya presente y que el niño llevaría consigo;no, la analista la crea en el mismo momento de percibirla, y le da existencia en cuantosíntesis viva y actual de la relación transferencial.Consideremos ahora el tercer tiempo. Guardando siempre contacto y trato verbal con supaciente y. más allá, con el público de analistas - participantes. F. Dolto se identifica ensilencio con el niño inconsciente. Hace suyos el sufrimiento y la espera de este niño, sinque ello implique dejarse afectar por sentimiento de compasión alguno. Identificarse conel dolor del otro no significa en absoluto sentir pena o piedad.Señalemos que, mientras efectúa el proceso silencioso de identificación con el niñoinconsciente, Francoise Dolto puede adoptar también el papel de cada uno de lospersonajes de la constelación fantasmática. Y todo esto sin perder nunca el contacto conel niño de la sesión y con los analistas presentes.El cuarto y último tiempo es el del surgimiento de la interpretación. Es el tiempo en el queel psicoanalista realiza efectivamente el acto analítico; enuncia en voz alta, en el presentede la cura, la palabra esperada que el niño inconsciente tenía necesidad de decir y de oír.Nosotros concebimos la interpretación de F. Dolto, y de manera más general todainterpretación analítica, como la enunciación dirigida al oído del niño actualmentepresente en la sesión - de las palabras, frases o sonidos que, si el niño inconscientehubiese podido hablar, habrían salido de su boca; o incluso como la enunciación de laspalabras, frase o sonidos que habrían salido de boca de uno de los personajes de laronda fantasmática si este personaje hubiese podido decir lo que en otro tiempo fuecallado. Al asumir su función de mensajero, F. Dolto transmite al niño de la sesión elsignificante con el que ella acaba de toparse al identificarse con el niño inconsciente. F.Dolto transmite al uno - el niño de la sesión - lo que ha encontrado en el otro: el niñoinconsciente.A través de este recorte artificial he intentado hacer visible el funcionamiento de laescucha de un psicoanalista. He intentado ceñir lo mejor posible el punto nodal del deseode la psicoanalista Francoise Dolto, sin olvidar que, en su verdad, este deseopermanecerá irresistiblemente inexplicado. Justamente por permanecer inexplicado, estedeseo conserva para mí, la fuerza de una llamada que interroga a ese analista enconstante devenir que creo ser.Este testimonio habrá dejado presentir cuánto influyeron en mi práctica y en la teoría quela sustenta los años de trabajo con Francoise Dolto.Quiero concluir subrayando uno de los muchos rasgos que caracterizan la personalidadde Francoise Dolto. Al verla trabajar, siempre tuve la impresión de estar ante variaspersonas al mismo tiempo, cada una de las cuales hablaba un dialecto diferente:¨ Una Dolto psicoanalista que dice y libera al niño de su sufrimiento;¨ Una Dolto niña, cuando se identifica en silencio con su pequeño paciente;¨ Una Dolto maestra que enseña;¨ Una Dolto amiga, que vibra y tiene miedo ¡Cuántas veces, en el camino que nosconducía a la calle Cujas, no me sorprendió en el coche confiándome su inquietud ante lanueva jornada matinal que la esperaba en su Consulta! ¡Una inquietud, que a despechode toda una vida de práctica, se repetía como si cada nuevo día estuviese marcado por lainocencia de la primera vez!.Publicado en «Grandes psicoanalistas» Ed. Gedisa
FUENTE educ.ar
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¿SINTOMA Y/O SINTHOME? Autor: MASAGUE CONCEPCIO
¿Podemos, en la actualidad, seguir utilizando el concepto de sublimación como mecanismo subyacente a las producciones artísticas y/o culturales? Y en este caso, ¿porqué utilizarlo y de qué manera? De vuelta a la sublimación. ¿Porqué una vuelta más a la sublimación? Para adentrarnos en su función actual en y frente al malestar en la cultura y en cómo inscribirlo en las manifestaciones de la pulsión de muerte en la contemporaneidad. Averiguar cuál es su papel en la ética, en la política, en la ciencia y en el arte; también cómo se imbrica con el síntoma a partir de los aportes derivados de la teoría y de la experiencia analítica.Empezaremos por las bases establecidas por Freud para perseguir los avatares del arte y del síntoma, esas dos formas de moldear las derivas del goce. Para ello paso la palabra a Concepció Masagué i Torné.
Magda BoschCoordinadora del espacio Creación y Psicoanálisis
La sublimación en la obra de Sigmund Freud
Aunque Sigmund Freud escribió un artículo sobre la sublimación, no parece que haya sido nunca publicado, la razón parece ser que no acababa de encontrase satisfecho con lo que había escrito. Dicho artículo era uno de los doce que formarían Trabajos sobre metapsicología (1915). De estos doce artículos sólo cinco fueron publicados, de los siete restantes sólo se conoce su existencia por la correspondencia que mantenía Freud con Abraham, Ferenczi y Jones. La sublimación fue uno de esos siete artículos no publicados. Así pues no contamos con un texto donde explique la sublimación, sino que a través de los diferentes escritos de Freud podemos ir elaborando aquello de que se trata cuando hablamos de ella. Empezaré con algunas de las definiciones que Freud da en sus escritos.Freud usa ese término por primera vez en una carta a Fliess en 1897, dándole un sentido diferente al que le daría más adelante y a partir del historial clínico de "Dora". En la carta habla de la sublimación cuando se refiere a las fantasías que reproducen escenas en la histeria, dice de esas fantasías: "Son edificios protectores, sublimaciones de los hechos, embellecimientos de ellos, y al mismo tiempo sirven al autodescargo." (1) En ese momento parecería que el concepto "sublimación" se define como algo que embellece unos hechos difíciles de soportar.En 1901 Freud redacta Fragmento de análisis de un caso de histeria (caso Dora), y habla de sublimación como aquello que permite nuestros logros culturales, dice: "las perversiones no son degeneraciones, sino que son desarrollos de gérmenes, contenidos todos ellos en la disposición sexual indiferenciada del niño, cuya sofocación o cuya vuelta hacia metas más elevadas, asexuales -su sublimación- están destinadas a proporcionar la fuerza motriz de un buen número de nuestros logros culturales." (2) En 1908, en su texto La moral sexual "cultural" y la nerviosidad moderna, plantea la sublimación como una facultad que viene de la misma pulsión sexual. Dice: "A esta facultad de permutar la meta sexual originaria por otra, ya no sexual, pero psíquicamente emparentada con ella, se le llama la facultad para la sublimación". (3) En 1910, en la quinta de las Cinco conferencias sobre psicoanálisis define la sublimación como "un proceso mediante el cual la energía de mociones infantiles de deseo no es bloqueada, sino que permanece aplicable si a las mociones singulares se les pone, en lugar de la meta inutilizable, una superior, que eventualmente ya no es sexual." (4) En 1914, en Introducción del Narcisismo, Freud la define diciendo: "La sublimación es un proceso que atañe a la libido de objeto y consiste en que la pulsión se lanza a otra meta, distante de la satisfacción sexual." (5)Aunque podemos encontrar más definiciones en los textos de Freud, creo que son suficientes para recoger la idea central de la sublimación, la cual podemos resumir de ese modo: existe una pulsión sexual cuya meta no es aceptada por lo que, o bien es sofocada, bloqueada, o bien es sublimada, permutada por otra más elevada y que ya no es sexual, su satisfacción ya no viene dada por la sexualidad, sino por los logros culturales.De qué se trata cuando hablamos de pulsión sexual? ¿porqué es necesario sublimar esa pulsión?, para la primera pregunta me remito a Tres ensayos de teoría sexual de 1905, en ese texto Freud define la pulsión como "... la agencia representante psíquica de una fuente de estímulos intrasomática en continuo fluir; ello a diferencia del estímulo, que es producido por excitaciones singulares provenientes de fuera. Así, pulsión es uno de los conceptos del deslinde de lo anímico respecto de lo corporal." (6) Pulsión es equivalente a estímulo en cuanto al mecanismo, es decir, algo llega a una parte del organismo que incita a una acción para calmar los efectos provocados por eso que llega, pero aquello que los hace diferentes es la fuente y la eliminación. En el estímulo, la fuente es externa y llega de golpe siendo necesaria una sola acción para eliminarlo. La fuente de la pulsión es interna y constante, para eliminarla no basta una sola acción sino que se hace necesario diferentes acciones, no siendo, además, posible escapar de ella si no es con su satisfacción, a la cual se podría llegar o bien a través de la satisfacción sexual, o bien, cito a Freud, "puede alcanzarse mediante una modificación, apropiada a la meta (adecuada), de la fuente interior de estímulo." (7) Así pues la sublimación es necesaria para darle otra salida a esa pulsión en contínuo fluir.En 1915 Freud elabora Pulsiones y destinos de pulsión, dicho artículo es uno de los que formaron Trabajos sobre metapsicología, en él podemos encontrar respuesta a las preguntas sobre qué es la pulsión sexual y porqué se hace necesaria la sublimación, pero también si la sublimación es la única salida posible para ese continuo fluir, que no sea la misma satisfacción sexual. De él tomo lo que sigue. En la pulsión hay que distinguir cuatro elementos: el esfuerzo, que es el trabajo que conlleva una pulsión. La meta, que es la satisfacción, eliminación, de la pulsión. El objeto, que es aquello por lo que se puede satisfacer la pulsión; puede ser más de uno para una pulsión, pero también un solo objeto puede servir para satisfacer varias pulsiones; puede no estar directamente ligado a la pulsión, sino que puede ser escogido solamente en función de su posibilidad para satisfacerla; puede ser interno o externo al sujeto y puede ser cambiado según los desplazamientos de la pulsión. Y la fuente, que como ya he dicho antes, es un proceso interno y constante. Freud encuentra distintas salidas para la pulsión, pero se detiene, sobretodo, en el estudio de cuatro de ellas: El trastorno hacia lo contrario que se da a través de dos procesos distintos; uno tiene que ver con la meta la cual pasa de ser activa a ser pasiva (de martirizar a ser martirizado; de mirar a ser mirado); el otro tiene que ver con el contenido y es cuando hay un cambio de amor a odio. La vuelta hacia la propia persona; en este caso lo que cambia es la vía del objeto y no la meta. El masoquismo es un sadismo vuelto hacia el yo propio y el exhibicionismo incluye el mirarse el cuerpo propio.La represión. Cuando la pulsión sexual entra en conflicto con las representaciones culturales y éticas del individuo, su destino es la represión, pero aun así no evita que la pulsión siga existiendo en lo inconsciente y como resultado de esa existencia surja la neurosis y con ella el síntoma.La sublimación.Y en su artículo La represión, escrito también en 1915 y formando parte de la misma serie que fue Trabajos sobre metapsicología, nos presenta otros tres destinos posibles para una pulsión que tienen que ver con su factor cuantitativo: a)es sofocada por completo; b) sale a la luz como un afecto coloreado cualitativamente; c)se muda en angustia. En esos dos últimos destinos las energías psíquicas de las pulsiones se convierten en afectos y sobretodo en angustia.La sublimación, pues, es uno de los destinos para esa pulsión sexual interna y constante que el individuo puede utilizar cuando se hace necesario otra salida para la pulsión que no sea la satisfacción sexual.Freud nos presenta los destinos de la pulsión como variedades de la defensa contra las pulsiones y compara la sublimación con la represión. Mediante esta comparación podemos leer otra definición a la vez que función de la sublimación, es en la quinta de las Cinco conferencias sobre psicoanálisis, (1910) donde dice: "Mediante sus represiones, el neurótico ha mermado muchas fuentes de energía anímica, cuyos aportes habrían sido muy valiosos para su formación de carácter y quehacer en la vida. Conocemos un proceso de desarrollo muy adecuado al fin, la llamada sublimación, mediante la cual la energía de mociones infantiles de deseo no es bloqueada, sino que permanece aplicable si a las mociones singulares se les pone, en lugar de la meta inutilizable, una superior, que eventualmente ya no es sexual." (8) Así pues la represión como condición para la neurosis y la sublimación como condición para "la formación de carácter y quehacer en la vida".Parecería que los individuos se podrían clasificar entre los que reprimen, que sufren de neurosis, y los que subliman, que "hacen en la vida", que logran alcanzar metas bien valoradas por la sociedad, pero Freud nos deja bien claro que la sublimación, si bien es una facultad a la que todo individuo puede acceder sin demasiada dificultad, no todos acceden a ella, y aun los que sí lo hacen, tampoco es ni en la misma proporción ni en la misma dirección, además "La sublimación, dice Freud, nunca puede tramitar sino una cierta porción de libido, ..." (9). Así pues, si la sublimación sólo puede tramitar una parte de la libido, bien podemos pensar que la parte restante deberá encontrar otra forma de satisfacción, podríamos decir pues que un sujeto puede desviar su pulsión hacia uno o más destinos.Entonces, ¿qué es lo que hace que unos individuos subliman y otros no, o no en la misma proporción? Creo que es en esa diferencia de proporción donde podemos hablar de la sublimación como aquel camino que posibilita los "logros culturales" y que Freud mismo, a lo largo de sus escritos, la va tomando bajo esta función, es decir, permutar la meta de la pulsión sexual por otra más elevada, asexual, destinada a "proporcionar la fuerza motriz de un buen número de nuestros logros culturales." (10) A la pregunta sobre qué hace que unos individuos sublimen y otros no, no he podido encontrar respuesta desde los textos de Freud, así que voy a intentar encontrar qué mecanismo se pone en marcha cuando un sujeto se decide, sobretodo, por el camino de la sublimación y no por otro. Para ello voy a partir del estudio que hace Freud de Leonardo da Vinci, y más adelante intentaré seguir ese trabajo desde Jacques Lacan. De los textos de Freud, se deduce que los "logros culturales" tienen dos vertientes, el saber, pulsión de saber, y la creación artística. En Leonardo da Vinci podemos encontrar las dos.Para la primera vertiente, el saber, podemos encontrar en Tres ensayos de una Teoría sexual (1905), como Freud sitúa, en el período de latencia sexual de la infancia, el inicio del desarrollo del individuo en la cultura a partir de la sublimación de las mociones sexuales infantiles que, a pesar de encontrarse en ese período de latencia, no dejan de fluir y su energía es desviada del uso sexual y aplicada a otros fines.Más adelante, en ese mismo texto sitúa el origen de la pulsión de saber en el saber sobre los problemas sexuales, dice: "... por los psicoanálisis hemos averiguado que la pulsión de saber de los niños recae, en forma insospechadamente precoz y con inesperada intensidad, sobre los problemas sexuales, y aun quizás es despertada por ellos." La acción de esa pulsión de saber, dice Freud: "corresponde, por una parte, a una manera sublimada del apoderamiento, y, por la otra, trabaja con la energía de la pulsión de ver." (11) Y en Un recuerdo infantil de Leonardo da Vinci (1910), dice: "Su pulsión de ver y de saber son excitadas con la máxima intensidad por sus impresiones de la primera infancia." (12) Freud nos habla de la infancia de Leonardo da Vinci y hace incidencia en el hecho de que por ser hijo ilegítimo y no haber tenido un padre presente, quedó "librado a la tierna seducción de una madre de quién él es el único consuelo". Este hecho lo llevó a una intensa investigación sexual infantil, la cual parece ser que sufrió una fuerte represión estableciendo su predisposición a una vida abstinente dando "la impresión de un hombre asexual" y sigue: "Cuando le sobrevino la pleamar de la excitación de la pubertad, ella no lo enfermó constriñéndolo a costosas y dañinas formaciones sustitutivas; es que la mayor parte de las necesidades de la pulsión sexual podrán sublimarse, merced al temprano privilegio del apetito de saber sexual, en un esfuerzo de saber universal, escapando así de la represión." (13) La sublimación, pues, como vía de escape de la represión, pero a la vez, la represión, en la edad infantil, permite la posibilidad de llevar a cabo la sublimación; pero si esa represión llega demasiado temprano, cito a Freud: "...excluye la sublimación de la pulsión reprimida; cancelada la represión, vuelve a quedar expedito el camino para la sublimación." (14) Freud plantea tres posibles salidas para la pulsión de saber en el sujeto, si su investigación sexual infantil fue fuertemente reprimida: "inhibición del pensar", "compulsión neurótica del pensamiento" y la tercera en que "la libido escapa al destino de la represión sublimándose desde el comienzo mismo en un apetito de saber y sumándose como refuerzo a la vigorosa pulsión de investigar." (15) Freud toma a Leonardo da Vinci como paradigma de esta tercera salida, nos dice: "... se convirtió en el primer investigador moderno de la naturaleza..." y sigue más adelante: "Pero cuando enseñaba a menospreciar la autoridad y a desestimar la imitación de los "antiguos", señalando una y otra vez el estudio de la naturaleza como la fuente de toda verdad, no hacía sino repetir, en la más alta sublimación asequible al ser humano, el partido que se vio precisado a adoptar en su primera infancia al dirigir al mundo sus miradas de asombro." (16) Para la segunda vertiente de "los logros culturales", la de la creación artística, me remito también a Tres ensayos de una Teoría sexual (1905), en él Freud habla de la mirada como el camino que conduce a la excitación libidinosa y como la ocultación del cuerpo mantiene despierta la curiosidad sexual, pero esa curiosidad dice: "... puede ser desviada ("sublimada") en el ámbito del arte, si uno puede apartar su interés de los genitales para dirigirlo a la forma del cuerpo como un todo". (17) Y en 1910, en la cuarta de Cinco conferencias sobre psicoanálisis, Freud habla de componentes pulsionales del placer sexual; de esas pulsiones, dice que se presentan en pares de opuestos, como activas y pasivas, y es en el placer de ver activo y pasivo "... que lleva a la exhibición artística y actoral." (18) En el estudio sobre Leonardo da Vinci, Freud nos dice: "Desde una mocedad que nos resulta oscura, Leonardo emerge ante nosotros como artista, pintor y creador plástico, merced a unas dotes especiales, acaso reforzadas por el temprano despertar de la pulsión de ver en la primera infancia." (19), y sigue diciéndonos que hasta ese momento no puede dar explicación de cómo el arte canaliza las pulsiones, pero sí puede afirmar que es una de sus salidas. Aunque Leonardo da Vinci muestra tener las dos vertientes sobre el devenir de sus pulsiones sexuales, la del saber y la de la creación artística, parece que cada una de ellas surgen en épocas distintas. Es en la pubertad cuando la salida se da a través del crear artístico, pero pronto la investigación empieza a desplazar esa faceta artística; en un primer momento investiga sobre el arte mismo, pero poco a poco ese interés se va independizando del arte, y es a partir de su madurez, hacia los cincuenta años, que vuelve a tener relieve su interés por la pintura plasmando con su pincel, cito a Freud: "esa misteriosa sonrisa que él había perdido y que tanto lo cautivó al reencontrarla en la dama florentina" (20) sonrisa que va repitiendo en sus cuadros posteriores al de Monna Lisa y que parece ser la sonrisa de su madre Caterine, de quién Leonardo fue separado cuando tenía tres o cuatro años. Para terminar, de momento, con los textos de Freud, voy a incluir una cita suya de 1930 en su texto El malestar en la cultura, en donde hace un pequeño resumen sobre qué es y para qué se hace necesaria la sublimación: "Otra técnica para la defensa contra el sufrimiento se vale de los desplazamientos libidinales que nuestro aparato anímico consiente, y por los cuales su función gana tanto en flexibilidad. He aquí la tarea a resolver: es preciso trasladar las metas pulsionales de tal suerte que no puedan ser alcanzadas por la denegación del mundo exterior. Para ello, la sublimación de las pulsiones presta su auxilio. Se lo consigue sobre todo cuando uno se las arregla para elevar suficientemente la ganancia de placer que proviene de las fuentes de un trabajo psíquico e intelectual." (21) Así pues, hasta aquí y desde Freud, podemos decir que existe la pulsión sexual, pero no se le puede dar la salida mediante la satisfacción sexual misma, "el mundo exterior" lo impide. Esa pulsión puede ser reprimida o sublimada. Si es reprimida producirá la neurosis y con ella el síntoma. Si es sublimada puede producir "logros culturales" a través de la pulsión de saber (investigaciones) o a través de la creación artística. Pero la sublimación ni es universal ya que presupone una disposición y unas dotes en el sujeto, ni garantiza la protección perfecta contra el sufrimiento.¿Qué podemos encontrar desde Jacques Lacan?
FUENTE Sección Clínica de Barcelona NODVS
Magda BoschCoordinadora del espacio Creación y Psicoanálisis
La sublimación en la obra de Sigmund Freud
Aunque Sigmund Freud escribió un artículo sobre la sublimación, no parece que haya sido nunca publicado, la razón parece ser que no acababa de encontrase satisfecho con lo que había escrito. Dicho artículo era uno de los doce que formarían Trabajos sobre metapsicología (1915). De estos doce artículos sólo cinco fueron publicados, de los siete restantes sólo se conoce su existencia por la correspondencia que mantenía Freud con Abraham, Ferenczi y Jones. La sublimación fue uno de esos siete artículos no publicados. Así pues no contamos con un texto donde explique la sublimación, sino que a través de los diferentes escritos de Freud podemos ir elaborando aquello de que se trata cuando hablamos de ella. Empezaré con algunas de las definiciones que Freud da en sus escritos.Freud usa ese término por primera vez en una carta a Fliess en 1897, dándole un sentido diferente al que le daría más adelante y a partir del historial clínico de "Dora". En la carta habla de la sublimación cuando se refiere a las fantasías que reproducen escenas en la histeria, dice de esas fantasías: "Son edificios protectores, sublimaciones de los hechos, embellecimientos de ellos, y al mismo tiempo sirven al autodescargo." (1) En ese momento parecería que el concepto "sublimación" se define como algo que embellece unos hechos difíciles de soportar.En 1901 Freud redacta Fragmento de análisis de un caso de histeria (caso Dora), y habla de sublimación como aquello que permite nuestros logros culturales, dice: "las perversiones no son degeneraciones, sino que son desarrollos de gérmenes, contenidos todos ellos en la disposición sexual indiferenciada del niño, cuya sofocación o cuya vuelta hacia metas más elevadas, asexuales -su sublimación- están destinadas a proporcionar la fuerza motriz de un buen número de nuestros logros culturales." (2) En 1908, en su texto La moral sexual "cultural" y la nerviosidad moderna, plantea la sublimación como una facultad que viene de la misma pulsión sexual. Dice: "A esta facultad de permutar la meta sexual originaria por otra, ya no sexual, pero psíquicamente emparentada con ella, se le llama la facultad para la sublimación". (3) En 1910, en la quinta de las Cinco conferencias sobre psicoanálisis define la sublimación como "un proceso mediante el cual la energía de mociones infantiles de deseo no es bloqueada, sino que permanece aplicable si a las mociones singulares se les pone, en lugar de la meta inutilizable, una superior, que eventualmente ya no es sexual." (4) En 1914, en Introducción del Narcisismo, Freud la define diciendo: "La sublimación es un proceso que atañe a la libido de objeto y consiste en que la pulsión se lanza a otra meta, distante de la satisfacción sexual." (5)Aunque podemos encontrar más definiciones en los textos de Freud, creo que son suficientes para recoger la idea central de la sublimación, la cual podemos resumir de ese modo: existe una pulsión sexual cuya meta no es aceptada por lo que, o bien es sofocada, bloqueada, o bien es sublimada, permutada por otra más elevada y que ya no es sexual, su satisfacción ya no viene dada por la sexualidad, sino por los logros culturales.De qué se trata cuando hablamos de pulsión sexual? ¿porqué es necesario sublimar esa pulsión?, para la primera pregunta me remito a Tres ensayos de teoría sexual de 1905, en ese texto Freud define la pulsión como "... la agencia representante psíquica de una fuente de estímulos intrasomática en continuo fluir; ello a diferencia del estímulo, que es producido por excitaciones singulares provenientes de fuera. Así, pulsión es uno de los conceptos del deslinde de lo anímico respecto de lo corporal." (6) Pulsión es equivalente a estímulo en cuanto al mecanismo, es decir, algo llega a una parte del organismo que incita a una acción para calmar los efectos provocados por eso que llega, pero aquello que los hace diferentes es la fuente y la eliminación. En el estímulo, la fuente es externa y llega de golpe siendo necesaria una sola acción para eliminarlo. La fuente de la pulsión es interna y constante, para eliminarla no basta una sola acción sino que se hace necesario diferentes acciones, no siendo, además, posible escapar de ella si no es con su satisfacción, a la cual se podría llegar o bien a través de la satisfacción sexual, o bien, cito a Freud, "puede alcanzarse mediante una modificación, apropiada a la meta (adecuada), de la fuente interior de estímulo." (7) Así pues la sublimación es necesaria para darle otra salida a esa pulsión en contínuo fluir.En 1915 Freud elabora Pulsiones y destinos de pulsión, dicho artículo es uno de los que formaron Trabajos sobre metapsicología, en él podemos encontrar respuesta a las preguntas sobre qué es la pulsión sexual y porqué se hace necesaria la sublimación, pero también si la sublimación es la única salida posible para ese continuo fluir, que no sea la misma satisfacción sexual. De él tomo lo que sigue. En la pulsión hay que distinguir cuatro elementos: el esfuerzo, que es el trabajo que conlleva una pulsión. La meta, que es la satisfacción, eliminación, de la pulsión. El objeto, que es aquello por lo que se puede satisfacer la pulsión; puede ser más de uno para una pulsión, pero también un solo objeto puede servir para satisfacer varias pulsiones; puede no estar directamente ligado a la pulsión, sino que puede ser escogido solamente en función de su posibilidad para satisfacerla; puede ser interno o externo al sujeto y puede ser cambiado según los desplazamientos de la pulsión. Y la fuente, que como ya he dicho antes, es un proceso interno y constante. Freud encuentra distintas salidas para la pulsión, pero se detiene, sobretodo, en el estudio de cuatro de ellas: El trastorno hacia lo contrario que se da a través de dos procesos distintos; uno tiene que ver con la meta la cual pasa de ser activa a ser pasiva (de martirizar a ser martirizado; de mirar a ser mirado); el otro tiene que ver con el contenido y es cuando hay un cambio de amor a odio. La vuelta hacia la propia persona; en este caso lo que cambia es la vía del objeto y no la meta. El masoquismo es un sadismo vuelto hacia el yo propio y el exhibicionismo incluye el mirarse el cuerpo propio.La represión. Cuando la pulsión sexual entra en conflicto con las representaciones culturales y éticas del individuo, su destino es la represión, pero aun así no evita que la pulsión siga existiendo en lo inconsciente y como resultado de esa existencia surja la neurosis y con ella el síntoma.La sublimación.Y en su artículo La represión, escrito también en 1915 y formando parte de la misma serie que fue Trabajos sobre metapsicología, nos presenta otros tres destinos posibles para una pulsión que tienen que ver con su factor cuantitativo: a)es sofocada por completo; b) sale a la luz como un afecto coloreado cualitativamente; c)se muda en angustia. En esos dos últimos destinos las energías psíquicas de las pulsiones se convierten en afectos y sobretodo en angustia.La sublimación, pues, es uno de los destinos para esa pulsión sexual interna y constante que el individuo puede utilizar cuando se hace necesario otra salida para la pulsión que no sea la satisfacción sexual.Freud nos presenta los destinos de la pulsión como variedades de la defensa contra las pulsiones y compara la sublimación con la represión. Mediante esta comparación podemos leer otra definición a la vez que función de la sublimación, es en la quinta de las Cinco conferencias sobre psicoanálisis, (1910) donde dice: "Mediante sus represiones, el neurótico ha mermado muchas fuentes de energía anímica, cuyos aportes habrían sido muy valiosos para su formación de carácter y quehacer en la vida. Conocemos un proceso de desarrollo muy adecuado al fin, la llamada sublimación, mediante la cual la energía de mociones infantiles de deseo no es bloqueada, sino que permanece aplicable si a las mociones singulares se les pone, en lugar de la meta inutilizable, una superior, que eventualmente ya no es sexual." (8) Así pues la represión como condición para la neurosis y la sublimación como condición para "la formación de carácter y quehacer en la vida".Parecería que los individuos se podrían clasificar entre los que reprimen, que sufren de neurosis, y los que subliman, que "hacen en la vida", que logran alcanzar metas bien valoradas por la sociedad, pero Freud nos deja bien claro que la sublimación, si bien es una facultad a la que todo individuo puede acceder sin demasiada dificultad, no todos acceden a ella, y aun los que sí lo hacen, tampoco es ni en la misma proporción ni en la misma dirección, además "La sublimación, dice Freud, nunca puede tramitar sino una cierta porción de libido, ..." (9). Así pues, si la sublimación sólo puede tramitar una parte de la libido, bien podemos pensar que la parte restante deberá encontrar otra forma de satisfacción, podríamos decir pues que un sujeto puede desviar su pulsión hacia uno o más destinos.Entonces, ¿qué es lo que hace que unos individuos subliman y otros no, o no en la misma proporción? Creo que es en esa diferencia de proporción donde podemos hablar de la sublimación como aquel camino que posibilita los "logros culturales" y que Freud mismo, a lo largo de sus escritos, la va tomando bajo esta función, es decir, permutar la meta de la pulsión sexual por otra más elevada, asexual, destinada a "proporcionar la fuerza motriz de un buen número de nuestros logros culturales." (10) A la pregunta sobre qué hace que unos individuos sublimen y otros no, no he podido encontrar respuesta desde los textos de Freud, así que voy a intentar encontrar qué mecanismo se pone en marcha cuando un sujeto se decide, sobretodo, por el camino de la sublimación y no por otro. Para ello voy a partir del estudio que hace Freud de Leonardo da Vinci, y más adelante intentaré seguir ese trabajo desde Jacques Lacan. De los textos de Freud, se deduce que los "logros culturales" tienen dos vertientes, el saber, pulsión de saber, y la creación artística. En Leonardo da Vinci podemos encontrar las dos.Para la primera vertiente, el saber, podemos encontrar en Tres ensayos de una Teoría sexual (1905), como Freud sitúa, en el período de latencia sexual de la infancia, el inicio del desarrollo del individuo en la cultura a partir de la sublimación de las mociones sexuales infantiles que, a pesar de encontrarse en ese período de latencia, no dejan de fluir y su energía es desviada del uso sexual y aplicada a otros fines.Más adelante, en ese mismo texto sitúa el origen de la pulsión de saber en el saber sobre los problemas sexuales, dice: "... por los psicoanálisis hemos averiguado que la pulsión de saber de los niños recae, en forma insospechadamente precoz y con inesperada intensidad, sobre los problemas sexuales, y aun quizás es despertada por ellos." La acción de esa pulsión de saber, dice Freud: "corresponde, por una parte, a una manera sublimada del apoderamiento, y, por la otra, trabaja con la energía de la pulsión de ver." (11) Y en Un recuerdo infantil de Leonardo da Vinci (1910), dice: "Su pulsión de ver y de saber son excitadas con la máxima intensidad por sus impresiones de la primera infancia." (12) Freud nos habla de la infancia de Leonardo da Vinci y hace incidencia en el hecho de que por ser hijo ilegítimo y no haber tenido un padre presente, quedó "librado a la tierna seducción de una madre de quién él es el único consuelo". Este hecho lo llevó a una intensa investigación sexual infantil, la cual parece ser que sufrió una fuerte represión estableciendo su predisposición a una vida abstinente dando "la impresión de un hombre asexual" y sigue: "Cuando le sobrevino la pleamar de la excitación de la pubertad, ella no lo enfermó constriñéndolo a costosas y dañinas formaciones sustitutivas; es que la mayor parte de las necesidades de la pulsión sexual podrán sublimarse, merced al temprano privilegio del apetito de saber sexual, en un esfuerzo de saber universal, escapando así de la represión." (13) La sublimación, pues, como vía de escape de la represión, pero a la vez, la represión, en la edad infantil, permite la posibilidad de llevar a cabo la sublimación; pero si esa represión llega demasiado temprano, cito a Freud: "...excluye la sublimación de la pulsión reprimida; cancelada la represión, vuelve a quedar expedito el camino para la sublimación." (14) Freud plantea tres posibles salidas para la pulsión de saber en el sujeto, si su investigación sexual infantil fue fuertemente reprimida: "inhibición del pensar", "compulsión neurótica del pensamiento" y la tercera en que "la libido escapa al destino de la represión sublimándose desde el comienzo mismo en un apetito de saber y sumándose como refuerzo a la vigorosa pulsión de investigar." (15) Freud toma a Leonardo da Vinci como paradigma de esta tercera salida, nos dice: "... se convirtió en el primer investigador moderno de la naturaleza..." y sigue más adelante: "Pero cuando enseñaba a menospreciar la autoridad y a desestimar la imitación de los "antiguos", señalando una y otra vez el estudio de la naturaleza como la fuente de toda verdad, no hacía sino repetir, en la más alta sublimación asequible al ser humano, el partido que se vio precisado a adoptar en su primera infancia al dirigir al mundo sus miradas de asombro." (16) Para la segunda vertiente de "los logros culturales", la de la creación artística, me remito también a Tres ensayos de una Teoría sexual (1905), en él Freud habla de la mirada como el camino que conduce a la excitación libidinosa y como la ocultación del cuerpo mantiene despierta la curiosidad sexual, pero esa curiosidad dice: "... puede ser desviada ("sublimada") en el ámbito del arte, si uno puede apartar su interés de los genitales para dirigirlo a la forma del cuerpo como un todo". (17) Y en 1910, en la cuarta de Cinco conferencias sobre psicoanálisis, Freud habla de componentes pulsionales del placer sexual; de esas pulsiones, dice que se presentan en pares de opuestos, como activas y pasivas, y es en el placer de ver activo y pasivo "... que lleva a la exhibición artística y actoral." (18) En el estudio sobre Leonardo da Vinci, Freud nos dice: "Desde una mocedad que nos resulta oscura, Leonardo emerge ante nosotros como artista, pintor y creador plástico, merced a unas dotes especiales, acaso reforzadas por el temprano despertar de la pulsión de ver en la primera infancia." (19), y sigue diciéndonos que hasta ese momento no puede dar explicación de cómo el arte canaliza las pulsiones, pero sí puede afirmar que es una de sus salidas. Aunque Leonardo da Vinci muestra tener las dos vertientes sobre el devenir de sus pulsiones sexuales, la del saber y la de la creación artística, parece que cada una de ellas surgen en épocas distintas. Es en la pubertad cuando la salida se da a través del crear artístico, pero pronto la investigación empieza a desplazar esa faceta artística; en un primer momento investiga sobre el arte mismo, pero poco a poco ese interés se va independizando del arte, y es a partir de su madurez, hacia los cincuenta años, que vuelve a tener relieve su interés por la pintura plasmando con su pincel, cito a Freud: "esa misteriosa sonrisa que él había perdido y que tanto lo cautivó al reencontrarla en la dama florentina" (20) sonrisa que va repitiendo en sus cuadros posteriores al de Monna Lisa y que parece ser la sonrisa de su madre Caterine, de quién Leonardo fue separado cuando tenía tres o cuatro años. Para terminar, de momento, con los textos de Freud, voy a incluir una cita suya de 1930 en su texto El malestar en la cultura, en donde hace un pequeño resumen sobre qué es y para qué se hace necesaria la sublimación: "Otra técnica para la defensa contra el sufrimiento se vale de los desplazamientos libidinales que nuestro aparato anímico consiente, y por los cuales su función gana tanto en flexibilidad. He aquí la tarea a resolver: es preciso trasladar las metas pulsionales de tal suerte que no puedan ser alcanzadas por la denegación del mundo exterior. Para ello, la sublimación de las pulsiones presta su auxilio. Se lo consigue sobre todo cuando uno se las arregla para elevar suficientemente la ganancia de placer que proviene de las fuentes de un trabajo psíquico e intelectual." (21) Así pues, hasta aquí y desde Freud, podemos decir que existe la pulsión sexual, pero no se le puede dar la salida mediante la satisfacción sexual misma, "el mundo exterior" lo impide. Esa pulsión puede ser reprimida o sublimada. Si es reprimida producirá la neurosis y con ella el síntoma. Si es sublimada puede producir "logros culturales" a través de la pulsión de saber (investigaciones) o a través de la creación artística. Pero la sublimación ni es universal ya que presupone una disposición y unas dotes en el sujeto, ni garantiza la protección perfecta contra el sufrimiento.¿Qué podemos encontrar desde Jacques Lacan?
FUENTE Sección Clínica de Barcelona NODVS
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